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Variables psicológicas durante la competición

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Psicología
Por Carmen García
viernes 16 de mayo del 2014

La preparación, la equipación y materiales y el entrenamiento son fundamentales para la práctica de cualquier deporte o juego de competición. Sin embargo, donde realmente se pone de manifiesto todo lo anterior, es en el momento de enfrentarse con el/los oponente/s.

Efectivamente, hay un factor suerte que interviene en toda competición, pero hay una serie de variables que podemos poner en práctica para tratar de que las probabilidades se inclinen hacia nuestro lado.

La concentración durante el enfrentamiento es crucial. Este concepto tiene una doble vertiente: incrementar nuestra concentración al máximo e intentar desconcentrar al oponente. Dependiendo del estilo de juego y de variables de personalidad, se tenderá hacia uno u otro camino. Cuando evaluamos nuestras opciones y sabemos que no nos son muy favorables, será el momento de jugar a desconcentrar y desconcertar al otro. La mejor forma de hacerlo es controlar la comunicación, entendiéndose ésta tanto de forma verbal como no verbal. Los jugadores de póker son expertos en este tema y por ello suelen acudir a las partidas provistos de todo tipo de artilugios para tratar de esconder sus emociones, puesto que éstas son muchísimo más difíciles de ocultar y podrían revelar su jugada.

Tenemos dos opciones a la hora de controlar nuestra comunicación no verbal: mantener una línea base toda la partida o emitir las señales que queremos transmitir.

En el primer caso, optaremos por la neutralidad tanto en la expresión facial como postural. Esto es aconsejable cuando el oponente es observador y podría pillar nuestra estrategia. Lo mejor es adoptar una postura cómoda y mantenerla todo el juego, pase lo pase. Para ayudar a la no-gesticulación, también es preciso mantenerse en silencio y con máxima concentración tanto en nuestro juego como en la observación de las actitudes del oponente. Cualquier pensamiento también generará una emoción, por lo que hay que quitarse de la cabeza ideas como “no tengo nada que hacer”, “ya está todo perdido”, “esto ya lo tengo ganado”... porque irán acompañadas de sus correspondientes microexpresiones. Ya comenté en el artículo anterior la importancia de controlar este tipo de pensamientos. Toda nuestra actividad cognitiva debe centrarse en la aplicación de las normas y estrategias propias del juego, en evaluación de jugadas, en cálculo de probabilidades..., es decir, exclusivamente en aspectos formales, técnicos y objetivos.

Si tenemos la suerte de tener un contrincante que no conoce las técnicas de comunicación no verbal, tendremos más factores a nuestro favor. Esto es especialmente útil cuando ya hemos coincidido con ese contrincante en más ocasiones porque, mediante la observación, no sólo aprenderemos sus estrategias de juego, sino que también conoceremos su forma habitual de expresión gestual y postural, lo que nos ayuda a detectar variaciones. Por ejemplo, si es una persona que suele estar tranquila y de pronto vemos que comienza a moverse, que se toca la cara, que tamborilea con los dedos en la mesa... tendremos una pista de que está nervioso. Suele ser indicativo de que tiene una muy buena jugada pero que depende de nuestra actuación, porque cuando se tiene la certeza de ganar, la postura y los gestos suelen mostrar prepotencia (relajación postural, sonrisa de medio lado, respiración relajada...). Una postura encorvada, con los hombros caídos, una expresión facial desanimada, nos indicarán que el contrincante no está optimista en relación al resultado.

Todo lo anterior, también podemos aplicárnoslo y, con entrenamiento y habilidad, manipularlo como nos interese. Por ejemplo, cuando el contrincante da señales de tener una buena jugada, pero que depende de nuestra actuación, podríamos asustarlo mostrando indicios de victoria tal como indicaba antes (actitud prepotente), lo cual tal vez le produzca inseguridad y le lleve a no seguir la estrategia adecuada.

Otras recomendaciones importantes son acudir a una competición en buenas condiciones físicas, es decir, habiendo dormido suficiente, sin estar en ayunas, pero sin acabar de comer de forma abundante, huyendo de sustancias tóxicas o excitantes, aparcando los problemas personales en la puerta, sin prejuicios ni expectativas predeterminadas y, sobre todo, con la idea de aprender, de uno mismo y de los demás.

No hay que olvidar que las competiciones son momentos únicos para el aprendizaje y el entrenamiento. Son los auténticos exámenes y siempre hay que aprovecharlos al máximo. Todos sabemos que cuanto más se practica un juego o un deporte, mejor se hace. La competición debe servir para entrenar nuestras técnicas de concentración y de manejo de la comunicación no verbal, por lo que, independientemente del resultado, un jugador inteligente aprovechará el momento para analizar su propia conducta y detectar cuáles son sus puntos débiles, así como para conocer aún mejor al contrario. Edison dijo que tuvo que hacer mis experimentos fallidos antes de conseguir la bombilla y que lejos de desmotivarse, le sirvió para aprender mil formas de cómo no se hacía una bombilla. Por lo tanto, diez partidas, ganadas o no, son diez nuevas oportunidades de mejorar nuestras estrategias y habilidades.


Carmen García Olid

Psicóloga Clínica y Forense

Directora Gabinete Practis



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